18.11.09. Hasta el año 2020, diez por ciento de las zonas
boscosas alemanas deben haber sido declaradas selva protegida. Lo que
para ecologistas y biólogos es una gran noticia, no lo es tanto para los
pobladores de esas regiones.
El Gobierno alemán ha asumido la
obligación de permitir que parte de sus zonas boscosas se conviertan
otra vez en selva para albergar así especies amenazadas de animales y
plantas. Esto ha dado nuevos impulsos a muchos amantes de la naturaleza
y proteccionistas. Sin embargo, los objetivos nacionales –sobre todo en
lo que a protección del medio ambiente se refiere- suelen ser difíciles
de llevar a la práctica a nivel local, pues la población por lo general
no quiere que se altere su entorno. En el norte de Baviera se observa el
fenómeno: el último bosque de hayas intacto de Europa Central se
encuentra ahí, el Steigerwald. Los amantes de la naturaleza quieren
convertirlo en parque nacional; pero la población se niega.
Medio
siglo sin hachas, ni sierras
“Hace más de 50 años que aquí no
entra ni un hacha ni una sierra. Se trata de observar cómo evoluciona el
bosque y la naturaleza si no hay intromisiones”, explica Georg Sperber,
biólogo especializado en bosques que por muchos años fue director de la
Oficina de Silvicultura. Ahora, con más de setenta años, lucha porque
otras zonas del bosque corran la misma suerte que esa zona protegida:
árboles de 40 metros de alto; troncos caídos intocados en donde se
reproducen escarabajos que en otros lados ya han desaparecido… La
biodiversidad del Steigerwald atrae a biólogos y especialistas en
silvicultura; la Oficina Federal para Protección de la Naturaleza
asegura que es el bosque de hayas más valioso de Alemania.
¡Que
vuelva la selva!
Sperber querría que buena parte de las 17.000
hectáreas de bosque fueran declaradas parque nacional: que no se corte
nada más, que se deje a la naturaleza hacer su trabajo, que se vuelvan a
convertir en selva virgen. Las asociaciones ecologistas están
entusiasmadas. “Entretanto sabemos que sólo podemos conservar la
biodiversidad y los sistemas ecológicos silvestres si los dejamos en
paz”, asevera Sperber. Hasta el año 2020 un 10 por ciento de las zonas
boscosas alemanas deben haberse vuelto selva, así el convenio
internacional firmado por Alemania.
¿Carpinteros
desempleados?
En un valle aledaño está la población de
Rauhenebrach. Ahí el entusiasmo de Sperber no es compartido. Su alcalde,
Oskar Ebert, lidera la oposición al parque nacional. “Nuestra gente vive
desde hace generaciones en este bosque y con este bosque. Creo que la
simbiosis entre protegerlo y utilizarlo a nosotros nos ha resultado muy
bien”, dice Ebert mirando por la ventana de su oficina hacia los bosques
en colores otoñales.
96 por ciento de los 3.000 habitantes de
Rauhenebrach votaron por Ebert, sabiendo que estaba en contra del parque
nacional. Los miedos de la gente los conoce muy bien: ¿qué pasaría con
los puestos de trabajo en el ramo de la madera y con los aserraderos si
ya no se puede talar? ¿Con qué calentar las casas? A Ebert le parece
insoportable que gente de fuera llegue a tomar decisiones a un pueblo en
donde desde hace siglos es tradición cortar madera para venderla y
quemarla.
Una cuestión de votos
El Parlamento regional
bávaro decidirá si este bosque se convierte en parque nacional. Por el
momento parece que no será así. La Unión Socialcristiana gobernante
afirma que no puede tomar una decisión en contra de la opinión de los
habitantes; el partido de oposición, SPD, opina lo mismo: no quieren
echarse encima a los electores. Y no es un caso único: suele suceder que
los ciudadanos no saben valorar la política ecologista cuando ésta tiene
lugar a la puerta de su casa, aún cuando nadie ponga en duda la
importancia de la biodiversidad y la protección del medio ambiente.
Sperber, por su parte, sabe de la furia de los que se oponen al parque nacional: conoce sus insultos, sus llamadas anónimas. También está consciente de la situación política en Baviera. A pesar de ello, es optimista. “La República Federal de Alemania no podrá eludir la responsabilidad de hacer algo a favor de su patrimonio natural, a favor del bosque de hayas; de otra manera perdería credibilidad internacionalmente”, afirma Sperber junto a silenciosos gigantes de más de 300 años.
Fuente: Deutsche Welle









