01/12/08. Innovación para promover la agroenergía en pequeña escala e
investigación para acelerar la segunda generación de biocombustibles,
son armas del Gobierno para revivir el entusiasmo internacional por el
etanol y el biodiésel.
Mientras la mayoría de la gente quiere tener su automóvil, viajar y
consumir, el planeta da señales de que ya no soporta un modelo
productivo basado en combustibles fósiles.
La ciencia lleva tiempo investigando fuentes alternativas viables.
Brasil, que se destacó por crear en 1975 el Programa Nacional del
Alcohol Carburante y en 2005 volvió a ser pionero con su Programa
Nacional de Biodiésel, despliega estrategias para relanzar su ofensiva
mundial a favor de estos combustibles destilados de cultivos.
Los avances científicos abren espacio para que los agrocombustibles se
conviertan en un nuevo producto básico que conquiste el mercado mundial.
Para conseguirlo, Brasil está invirtiendo en estudios que puedan dar
respuesta a las preocupaciones sobre los efectos nocivos de su
producción en la oferta y los precios de los alimentos y en la
conservación de las selvas.
Así, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) se unió
a la FAO y la Cepal para realizar la investigación "Bioetanol de caña
de azúcar. Energía para el desarrollo sustentable".
El estudio asegura que para producir unos 50 mil millones de litros
anuales de etanol de caña se emplean cultivos de 15 millones de
hectáreas, es decir el 1% de la superficie destinada a la agricultura
en todo el planeta, estimada en 1.500 millones de hectáreas.
Esto representa un rendimiento medio de 3.300 litros de etanol por
hectárea, lo que demuestra la superioridad de Brasil, que produce un
promedio de 6.600 litros por hectárea. Las mejores usinas brasileñas
llegan inclusive a una productividad de 7.500 litros, afirma la Unión
Nacional de Industrias de la Caña de Azúcar.
Los rendimientos deberían ser mayores con el etanol de segunda
generación, obtenido de celulosa. El proceso permitirá aprovechar
diversos residuos orgánicos, como el bagazo de caña. En cinco o diez
años, se podría alcanzar casi 13 mil litros de etanol por hectárea, lo
que frenaría la presión por ocupar nuevas tierras, afirman algunas
investigaciones.
Tecnología
Resta saber si el sector será dominado por grandes inversores,
provocando disgregación social al empujar fuera de sus tierras a los
pequeños cultivadores familiares, o si habrá espacio para un proceso
inclusivo, que genere ingresos y mejores condiciones de vida.
La respuesta puede estar también en la tecnología, que aporta
soluciones para la generación de combustibles a pequeña escala,
indicada para la agricultura familiar. Ese es el propósito de las
Usinas Sociales Inteligentes (USI).
Se trata de refinerías biológicas de pequeño porte desarrolladas por el
director industrial de USI, Orci Ribeiro, un hombre que aprendió en la
práctica todo lo que sabe.
Con una USI, un pequeño agricultor puede fabricar su propio etanol a partir de caña, batata, mandioca o sorgo, dijo Ribeiro.
Esta solución despertó mucho interés en la Primera Exposición
Internacional celebrada en Sao Paulo entre el 17 y el 21 de este mes,
donde se vendieron seis USI a Colombia y se firmó un acuerdo de
Asociación con el Movimiento de Pequeños Agricultores Familiares de
Brasil.
Otra innovación presentada en la feria fue una usina móvil de
biodiésel, que se puede transportar en un camión, concebida por el
ingeniero químico Diego Luiz Nunes, de la Universidad Federal de Minas
Gerais.
Estamos en un período de transición, preconiza Nunes. "Los combustibles
sólidos son más eficientes y poco a poco debemos adoptarlos para
vehículos de transporte masivo", dijo.
Los ejemplos son el autobús Eletra, que funciona con una tracción mixta
de biodiésel y batería eléctrica y que fue exhibido en la feria.
El etanol y el biodiésel presentan la ventaja de que pueden utilizarse
en el sistema de distribución mundial ya existente, como apuntó el
presidente de la división combustibles de la empresa Petrobras, Alan
Kardec Pinto, al hablar en la Conferencia Internacional sobre
Biocombustibles, celebrada junto con la feria.
"Se necesita diversificar la matriz energética. El petróleo se va a acabar", dijo Kardec ante las delegaciones de 92 países.
Varias veces, activistas, autoridades y empresarios insistieron en la
necesidad de analizar todo el ciclo productivo de los agrocombustibles.
"Podemos trabajar juntos", dijo el director del Fondo Africano de
Biocombustibles y Energías Renovables, Thierno Bocar Tall, expresando
el optimismo de los países africanos.
Más estudios
Lúcia Melo, presidenta del Centro de Gestión y Estudios Estratégicos de
Brasil sostuvo que este país puede y debe atraer más centros de
investigación, cursos de postgrados y empresas extranjeras para evaluar
combustibles que sean adecuados para abordar los problemas sociales,
económicos y ambientales.
El Gobierno brasileño insistió en que la tecnología nacional es viable,
reduce las emisiones que causan el calentamiento global y se basa en
materias primas renovables, sin perjudicar la producción de alimentos.
La ministra jefa de la Casa Civil (jefa de gabinete), Dilma Rousseff,
aseguró que se llevará a cabo, de forma participativa, un ordenamiento
agroecológico del territorio, protegiendo la Amazonia, el Pantanal y
otros ecosistemas valiosos.
Fuente: La Nación












