30/12/08. Hace 20 años en Brasil, rancheros mataron a balazos a un activista ambientalista
y cauchero en su casa en el estado de Acre, porque se oponían a sus campañas
para salvar la selva tropical húmeda del Amazonas.
Después de su muerte, Francisco Alves Mendes, mejor conocido como Chico, se convirtió en un mártir de un concepto que sólo ahora está consiguiendo el apoyo de la corriente institucional aquí: que el valor de una selva en pie podría ser mayor que el de una deforestada en nombre del desarrollo. Este mes, Brasil dio lo que los ambientalistas esperan será un enorme paso hacia adelante para hacer realidad la visión de Mendes. El gobierno de Lula da Silva introdujo objetivos ambiciosos para reducir la deforestación y las emisiones de bióxido de carbono en un país que es uno de los principales emisores de gases que atrapan el calor del mundo.
El plan promete hacer de Brasil un jugador influyente en las discusiones sobre el cambio climático mundial ayudando a empujar a que EE.UU. y la Unión Europea acepten reducciones de emisiones y prevenir los efectos adversos del cambio climático. También podría alentar más compromisos de los países ricos que buscan esencialmente pagarle a Brasil para que conserve la selva por el bien de toda la humanidad.
Sin embargo, algunos ambientalistas cuestionan si los nuevos objetivos, con los que se reduciría la deforestación brasileña en 72% para 2017, son alcanzables en un país que ha mostrado pocos signos de ajustar su modelo de desarrollo como importante proveedor de alimentos del mundo. Para lograr la primera fase de las reducciones planeadas, Brasil tendría que bajar la deforestación el año entrante en 20%. Ello sería la cantidad más baja por año alguna vez registrada en Brasil, dijo Paulo Adario, el director de la campaña amazónica de Greenpeace Brasil.
La economía brasileña está centrada en la exportación agropecuaria. "El modelo brasileño es el de ser el proveedor de alimentos del mundo y uno grande de etanol", dijo Adario. "La economía seguirá moviéndose en la misma dirección básica. No hay magia en Brasil``. Hasta ahora, las opciones económicas de Brasil han generado gran parte de la deforestación en la Amazonia. A finales de los 1960 y 1970, el gobierno militar alentó a las familias sin tierra a asentarse en la región. Siguieron la construcción de caminos, los especuladores y los rancheros, y cayó la selva a un ritmo cada vez más rápido. La quema de los árboles producen bióxido de carbono, un gas invernadero.
Mendes organizó a los caucheros para confrontar a los grupos que lo hacían y voló al extranjero para enfrentarse a los prestamistas que pagaban los caminos. Sus esfuerzos por detener la deforestación en una zona planeada para ser una reserva forestal condujeron a su muerte. Desde su asesinato, el 22 de diciembre de 1988, se han creado reservas para proteger a más de ocho millones de acres.
Fue uno de los primeros defensores de la idea de que las personas que viven en la selva podrían ganarse la vida con recursos forestales sustentables, en lugar del beneficio económico de una sola ocasión al derribar los árboles. El financiamiento del carbón, la indemnización de los habitantes de la selva por perseguir actividades sustentables, proporcionaría un incentivo agregado, que es vital dado los mercados inciertos del hule natural y otros productos forestales.
"La idea de que nosotros en el Norte ayudaremos a pagar el servicio climático es un acontecimiento importante y representa la inserción en la corriente institucional del concepto que Chico Mendes y de quienes como él fueron pioneros en su creación``, dijo Richard H. Moss, del Fondo Mundial para la Naturaleza en Washington.
Los asesinatos de Mendes y de la hermana Dorothy Stang, una monja católica de 73 años, a quien mataron a tiros en 2005 por hablar públicamente en contra de la deforestación maderera en la Amazonia, fueron incrementando la presión internacional sobre Brasil para encontrar formas para limitarla sin sacrificar el desarrollo.
"Brasil siempre estaba a la defensiva cuando se trataba el cambio climático", comentó Carlos Minc, ministro brasileño del ambiente. "Y ahora ha cambiado completamente, pasando a un plan más audaz que los de India y China``.
Minc dijo que el plan ayudaría a satisfacer la demanda de algunos de los países más desarrollados, incluido Estados Unidos, que ha dicho que no estaría de acuerdo en firmar objetivos sobre las emisiones mientras hagan lo mismo los países menos desarrollados que producen cantidades significativas de gases invernadero.
La deforestación produce más de una quinta parte del bióxido de carbono generado por los humanos. Un 75% de las emisiones de carbón de Brasil proviene de la deforestación, expresó Minc.
El plan reduciría drásticamente esas emisiones, en unas 4.8 mil millones de toneladas para 2018. Algunos ambientalistas arguyen que los tratos que implican indemnizaciones por la protección forestal podrían debilitar los acuerdos climáticos. También dicen que el plan deja los objetivos más difíciles al gobierno que seguirá.
No obstante,
algunos científicos lo perciben como un gran avance. "Por primera vez, tenemos
objetivos muy claros y explícitos para reducir la deforestación``, dijo Walter
Vergara, principal meteorólogo para América Latina del Banco Mundial.
Fuente: El País












