26/01/09. Las plantas no se encuentran sometidas a un solo factor que les provoque
estrés, sino a un grupo variado de elementos. Investigadores gallegos pretenden
comprobar cómo se ven afectadas por la contaminación. Biólogos de la Universidad
de Santiago avanzan en la detección de signos previos de estrés por
contaminantes en árboles de interés forestal para evitar daños que mengüen la
producción. El objetivo es controlar los efectos de contaminantes atmosféricos
para mitigarlos y conseguir que los montes gallegos mantengan la productividad.
El estrés es, según las teorías físicas, la fuerza que actúa sobre un cuerpo.
Los biólogos lo asocian con cualquier factor externo que actúa sobre un
organismo y lo miden, no como una fuerza o una tensión, en términos de
intensidad y concentración: intensidad luminosa o concentración de sustancias
tóxicas.
El cambio interno provocado por el factor externo es el que
genera tensión. A las plantas les genera estrés cualquier factor ambiental que
se aleje de los parámetros óptimos.
La floración o la maduración, dos
procesos biológicos normales, provocan un estrés en las especies vegetales, que
se vuelven más débiles y vulnerables. Además de estos factores inciden muchos
otros que, unidos y relacionados, pueden afectar a la resistencia de los
árboles. Esto provoca, por ejemplo, que una planta con estrés hídrico sea más
sensible a las variaciones de temperatura o que un árbol estresado por
contaminación atmosférica sea más fácilmente infectado por parásitos. En estos
últimos factores, los contaminantes atmosféricos, han centrado sus
investigaciones un equipo de la Facultad de Biología de la Universidad de
Santiago de Compostela. Trabajan en la detección de signos que alerten de la
incidencia de estos focos de contaminación sobre especies arbóreas de interés
forestal en Galicia. Intentan, de esta forma, evitar que se produzcan daños
importantes y se vea reducida la producción.
Partiendo de un foco de
contaminación, el equipo coordinado por Rubén Retuerto Franco, estableció tres
estaciones de muestro y realizó el seguimiento de cinco especies de Quercus,
seleccionadas por su diferente fisiología: la mediterráneas, que toleran mejor
la sequía, las atlánticas y las de altitud. Cada una crece en un tarro
independiente y reacciona de forma distinta. ‘Las especies vegetales están
sometidas a una cantidad cada vez mayor de nuevas sustancias contaminantes’,
apunta el coordinador del proyecto. ‘Estudiamos la distinta sensi bilidad que
las especies arbóreas manifiestan a estos contaminantes, en función de sus
características fisiológicas’.
Variedades más resistentes
Conocer la susceptibilidad de cada
especie a los contaminantes sería de gran utilidad para la selección de
variedades más resistentes y reducir de esta forma las pérdidas en la
producción. Estudiar los procesos naturales de respuesta de las plantas ante
situaciones adversas el clave para controlar el estrés en los árboles y
conseguir que los montes sean más productivos.
El equipo de científicos
compostelanos, que pretende detectar los síntomas antes de que el efecto de los
contaminantes sea irreversible, emplea una técnica novedosa para analizar la
fluorescencia clorofílica, la radiación que emiten las plantas en mayor medida
cuando están estresadas. ‘La energía lumínica que absorbe a la superficie de las
hojas se transforma, a través de la fotosíntesis, en energía química,
incorporada en forma de biomasa’, explica Retuerto Franco. ‘Si la planta está
estresada, esta capacidad se ve muy limitada, de forma que la planta se deshace
de esa energía lumínica, emitiéndola como fluorescencia’. Esa fluorescencia es
captada por los investigadores para valorar el grado de estrés al que está
sometida y les permite actuar a tiempo ‘porque las plantas empiezan a emitir esa
energía lumínica antes de que los daños sean irreparables’.
El grupo de
biólogos de la Universidad de Santiago también aplica técnicas novedosas para
estudiar el espectro de radiación que emiten las hojas, que depende de las
características físicas (grosor, color y presencia de ceras) y de su composición
química (contenido de pigmentos, agua, proteínas y celulosa). El análisis de los
patrones de luz refle jadas permite valorar el estado fisiológico de la planta
y, por tanto, saber si está o no muy afectada por la presencia de contaminantes.
Las ventajas de esta metodología son, según el coordinador de la investigación,
muchas e importantes: ‘Además de ser rápidas y fiables, no son técnicas
destructivas ya que no es necesario cortar las plantas para la toma de datos.
Los análisis avisan con antelación de la situación de estrés que sufre la
planta, los que facilita la puesta en marcha de medidas correctoras para evitar
que disminuya el rendimiento de las especies, sobre todo en lo que se refiere a
la producción de biomasa’.
La contaminación atmosférica baja la
producción forestal
El estrés es uno de los principales
condicionantes del normal desarrollo de las plantas. Puede deberse a
contaminación por plaguicidas, metales pesados, cambios en la salinidad,
temperaturas extremas, seguía o alta intensidad de luz. Los árboles responden a
estos desajustes mediante sistemas de defensa natural que le permiten
contrarrestar las afecciones externas.
Las diferentes especies responden
al estrés con un incremento de la concentración de especies de oxígeno y
nitrógeno reactivo dentro de sus células y esto provoca, a nivel externo, una
merma en el desarrollo normal de la planta y en su producción.
Las
células vegetales utilizan los sistemas antioxidantes para mitigar el estrés
que, cuando se debe a contaminación por plaguicidas o metales pesados, provoca
un incremento de la concentración de oxígeno y nitrógeno activo. Si los sistemas
antioxidantes no son capaces de corregir esta situación, el daño aumenta y se
prolonga.
La comunidad científica lleva años intentando mejorar los
mecanismos para controlar el estrés porque amplía las posibilidades para
optimizar el cultivo de muchas especies vegetales. Algunos proyectos de
investigación se centran en conocer y caracterizar los mecanismos de los
procesos bioquímicos activados por oxígeno y nitrógeno reactivo durante el
crecimiento y desarrollo de la planta. La información obtenida en ese análisis
permite potenciar mediante biotecnología la acción antioxidante en los vegetales
sometidos a estudio.
El grupo de la Facultad de Biología de la
Universidad de Santiago de Compostela pretende comprobar como se ven afecta das
por la contaminación algunas de las especies que gozan de mayor peso en la
realidad forestal gallega. La actuación en una fase temprana minimizará las
pérdidas en la producción.
Fuente: Laregion.es











