18/12/08. Científicos de Alemania han demostrado que los
biocarburantes pueden ser una fuente de energía viable y sostenible y
que no entran en conflicto con la agricultura con fines alimentarios.
Plantean un sistema en el que se cultivan árboles en suelos degradados
en todo el mundo, éstos se emplean como fuente primaria de combustible
y se convierten en energías útiles a través de otras fuentes de energía
renovable. Los científicos consideran que se trata de un sistema
realista y asequible y que tendría un balance neutro de CO2. Se ha
publicado un artículo al respecto en la revista Naturwissenschaften.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), cerca del
87% de la energía mundial procede de la explotación de fuentes no
renovables de combustible, como el petróleo o el carbón, la mayoría de
las cuales (con excepción de la energía nuclear) son ricas en carbono.
Se calcula que las reservas de estos recursos energéticos se terminarán
por agotar durante los próximos 75 años si se mantiene el ritmo de
consumo actual, o antes si se tiene en cuenta que la demanda va en
aumento.
Encontrar formas para satisfacer la demanda creciente de energía y,
al mismo tiempo, reducir las emisiones de carbono es el objetivo de una
intensa actividad investigadora, pero por lo general se ha despreciado
la opción que brindan los biocombustibles como fuente de energía
sostenible. La posibilidad de que la biomasa sea la base de los
combustibles ha sido considerada poco realista debido a que el cultivo
de vegetales en tierra fértil para la producción de combustibles se
contrapone a la necesidad de incrementar la producción agrícola para
alimentar a la creciente población mundial.
En esta nueva proyección sobre los biocombustibles, el profesor
Jürgen O. Metzger de la Universidad de Oldemburgo y el profesor Aloys
Huettermann de la Universidad de Gotinga proponen cultivar árboles de
crecimiento rápido en parcelas cuadriculadas sobre tierras degradadas
(en oposición a grandes plantaciones en tierras de cultivo) como
sistema principal para la producción de combustibles y, seguidamente,
utilizar otras fuentes de energía renovable para convertir la biomasa
en un producto aprovechable.
Esta proyección es sin duda realista, concluyen los autores. Además
este sistema podría resolver los serios problemas que suponen la
degradación de tierras y la deforestación, las cuales contribuyen de
manera significativa a la erosión y la contaminación de las aguas
litorales.
«La humanidad ha ido degradando, a lo largo de la historia, varios
miles de millones de hectáreas de superficie originalmente arboladas y
cubiertas de vegetación», señalan los autores. Éstos explican que,
mediante la plantación de árboles cuyas necesidades hídricas y de
nutrientes sean bajas, se podría llegar a recuperar la fertilidad del
terreno, un aspecto cuya importancia no debe subestimarse.
«Un elevado porcentaje de las zonas degradadas es idóneo para la
forestación», razonan los autores. «Para luchar contra la desertización
y mejorar la fertilidad de los suelos, sería objetivamente beneficioso
para todos los países, la población local y la humanidad en general que
se llevara a cabo una forestación de estas áreas degradadas y se
aprovechara de forma constante la biomasa correspondiente, a fin de
cubrir las necesidades internas (y también externas si fuera posible)
de energía, combustibles, materiales y sustancias químicas.»
Los científicos demuestran la rentabilidad de su proyección y la
cantidad de tierra necesaria. Indican que la inversión necesaria no es
mucho mayor que la que necesita una central térmica de carbón y que es
mucho menor que la de las centrales nucleares. Además, calculan que
podrían utilizarse hasta 3,6 gigahectáreas de tierra para la producción
de bioenergía antes de 2050.
Otro aspecto beneficioso, explican, es que la biomasa utilizada
para generar energía puede crecer en todos los países y que cada país
podría cubrir una porción significativa de su demanda energética total,
lo cual reduciría los costes de transporte.
La utilización de biomasa como fuente de energía, afirman los
autores, tiene un balance neutro de carbono: el CO2 generado en su
combustión no es mayor que la cantidad que necesita la planta para
crecer. Por lo tanto este sistema puede ayudar a frenar la acumulación
de CO2 en la atmósfera. La biomasa también supone una forma adecuada de
almacenar energía, detener la contaminación por escorrentía en el
suministro de agua y, hasta cierto punto, controlar la desertización.
No obstante, quedan algunos cabos sueltos. Uno de los más
importantes es el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan
convertir con más eficiencia la energía química almacenada en la
biomasa en energía eléctrica. Lo mismo podría decirse de los
combustibles fósiles, añaden. Cultivar árboles para obtener combustible
es sólo uno de los aspectos necesarios para cubrir la creciente demanda
de energía mundial, de acuerdo con el estudio: han de sumarse a la
fórmula muchas otras fuentes de energía sostenibles. Asimismo, «el
ahorro energético y un uso más eficiente de la energía primaria deben
constituir la base de la solución», concluye el estudio.
Una de las mayores virtudes de esta proyección sobre el uso de
biocombustibles estriba en la relativamente mínima cantidad de tiempo
que requiere para que sus efectos sean apreciables. «La forestación
puede comenzar de inmediato, tiene efecto en unos pocos años y puede
completarse en algunas décadas», concluye el estudio. «Si la
forestación hubiera comenzado en 1992 [...] hoy podríamos estar
apreciando un efecto que crecería de forma constante y [esta] biomasa
contribuiría en un porcentaje significativo al abastecimiento de
energía primaria en el año 2030.»
Para obtener más información, consulte:
Naturwissenschaften:
http://www.springerlink.com/content/100479/
Agencia Internacional de Energía:
http://www.iea.org/
Fuente: CORDIS












