09/03/09. Ningún organismo oficial tiene planes integrales para protegerlo en todo su
trayecto. Mientras tanto, los agrotóxicos y residuos cloacales e industriales lo
degradan dÃa a dÃa.
Los senderos de la polÃtica muchas veces son intrincados, y en ocasiones
hasta inexplicables: aunque la defensa de un medio ambiente sano frente a
Gualeguaychú fue el argumento oficial que disparó el intransigente conflicto con
Uruguay por la instalación de la pastera Botnia en las costas de Fray Bentos, el
gobierno argentino jamás trazó un plan nacional para preservar la calidad de las
aguas del rÃo Uruguay, y ni siquiera conoce cuáles son los agentes contaminantes
que dÃa a dÃa las degradan a lo largo de toda su cuenca.
Planteada hace
más de dos años, esta investigación tenÃa el objetivo de comprobar el verdadero
interés oficial por la salud ambiental del rÃo y su cuenca, recorriéndolo por
completo para tomar muestras de agua y analizar su calidad: asà podrÃa verse
cuán limpias y cuidadas estaban, qué otras amenazas contaminantes padecÃan y
cuáles eran las acciones del gobierno para conjurarlas. Pero una encumbrada
investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, que atendió a este
diario a cambio de mantener su nombre en reserva, desalentó la idea: "por
desgracia, en el rÃo Uruguay no hay estudios de base que permitan detectar los
eventuales cambios que provoca la contaminación. Hablo de análisis geológicos,
hidrometeorológicos, de caudales máximos y mÃnimos en distintas épocas del año y
a través de varios años para tener un promedio histórico; estudios de
sedimentos, de los rÃos y arroyos afluentes, de los usos del suelo en las
adyacencias. Sólo hay más información, aunque parcial e inconexa, en la parte
baja del rÃo".
ClarÃn quiso chequear este intrigante diagnóstico. Con
colaboración de la Asociación por los Derechos Civiles, y a través de pedidos de
acceso a la información pública, consultó a media docena de organismos para
saber si existÃa un relevamiento integral de empresas y explotaciones
agroganaderas que pudieran contaminar el rÃo, si existen polÃticas para revertir
la contaminación actual y prevenir la futura, y si hay un diagnóstico y un plan
para gestionar el rÃo Uruguay en todo el tramo argentino.
Las respuestas
fueron casi calcadas. Ni la subsecretarÃa de Recursos HÃdricos de la Nación, ni
el Instituto Nacional del Agua, ni la SecretarÃa de Ambiente y Desarrollo
Sustentable tienen estudios "para determinar si hay contaminación en el rÃo
Uruguay" por "no ser de su competencia", ni tampoco "se han formulado polÃticas"
al respecto, "ni existe plan ni diagnóstico" sobre la salud ambiental del rÃo.
La Prefectura Naval Argentina, que según la ley 18.398 "debe verificar
el cumplimiento de las normas que prohÃben la contaminación de aguas fluviales",
primero negó tener datos sobre el rÃo Uruguay, y ante la insistencia de ClarÃn
admitió que hace "los correspondientes relevamientos", pero "por el momento la
información no está sistematizada de tal forma que pueda ser útil para dar a
difusión". Qué lástima. Aunque suene increÃble, la secretarÃa de Ambiente de
Entre RÃos dice que "no poseemos datos sobre los estudios del estado del rÃo
Uruguay", ni sobre las explotaciones agropecuarias locales.
Varios de
estos organismos oficiales descargaron su responsabilidad en la Comisión
Administradora del RÃo Uruguay (CARU), el ente binacional señalado por todos
como dueño de algunos de los datos que se buscaban. Pero el secretario técnico
de esa comisión se excusó de dar información "atento a las instrucciones
recibidas por ambos gobiernos", y sugirió canalizar el pedido a través de la
CancillerÃa. Pasaron los meses, y la nueva solicitud de ClarÃn volvió a llegar
hasta la CARU. Esta vez la respondió el presidente de la delegación argentina,
el embajador Hernán Orduna. ¿Para brindar información? No, para negarla. "Se
trata de temas de carácter reservado", dice el embajador, amparándose en la
resolución 817/2006 del canciller Taiana. ¿Un detalle? Esa Comisión binacional
sólo entiende en el tramo del rÃo que comparten Argentina y Uruguay, unos 508
kilómetros, y ni siquiera tiene poder de policÃa para intervenir ante hechos de
contaminación. Todas las respuestas oficiales pueden leerse en clarÃn.com.
El ingeniero Marcelo Gaviño Novillo coordina el Programa Regional de
EcohidrologÃa de UNESCO para América Latina, y sacude la cabeza ante ClarÃn: "El
principal problema de nuestros rÃos es la gobernabilidad: nadie sabe qué pasa,
dónde están los principales problemas y cómo organizar una respuesta a ellos. Y
en cuencas olvidadas como la del rÃo Uruguay -una de las menos analizadas del
Mercosur- tenemos desastres silenciosos desarrollados en pequeñas cuotas
mensuales, de los que nadie se ocupa. Desde el siglo XIX, el Uruguay siempre fue
visto como un eje fluvial y no como un sistema vivo."
Gaviño Novillo es
uno de los tres autores que hace nueve años redactaron el exhaustivo "Informe
sobre la gestión del agua en la Argentina", cuyas apreciaciones eran lapidarias:
no existe una legislación nacional de aguas, y la que hay se incumple en forma
generalizada; no hay metas de calidad de agua ni información integral de los
recursos hÃdricos; varios organismos manejan estaciones de medición de calidad
sin ninguna organización, que producen datos dispares y que se guardan en
distintos lugares. Para sintetizar, el trabajo suelta una advertencia: "el
Estado perdió capacidad de orientar estratégicamente los procesos de decisión
del desarrollo hÃdrico". "Y en casi una década no cambió nada", se lamenta el
ingeniero.
Indefenso, silente, el rÃo Uruguay permanece en el olvido
oficial. Es de todos y de nadie. Viven de él, lo disfrutan, lo contaminan, lo
padecen y lo explotan su más de millón y medio de vecinos, tres paÃses, once
provincias, noventa y siete municipios, decenas de organizaciones civiles y
asambleas populares, cientos de pequeñas empresas, miles de pequeños productores
rurales, pescadores, navegantes y turistas. Su preservación y eventual
restauración de los daños ambientales cometidos casi no fueron tenidas en cuenta
hasta ahora por los organismos oficiales "administradores".
Uno de estos
entes es la CARU, creada por los gobiernos de Argentina y Uruguay en 1975 para
"institucionalizar un sistema de administración global del rÃo en el tramo que
comparten", es decir sólo del tercio inferior del total de su cuenca. Recién en
1987 creó un "Programa de Calidad de Aguas y Control de la Contaminación del RÃo
Uruguay" (PROCON), para "conocer la calidad actual de las aguas del rÃo" y
"permitir analizar en el futuro los cambios que pudiera sufrir". "Pero aunque
hay otros estudios y mediciones parciales, el PROCON dejó de existir hace unos
cinco años, y es gravÃsimo", se lamenta Ricardo Artusi, ex integrante de la
subcomisión de Calidad de Aguas y Prevención de la Contaminación Ambiental de la
CARU y diputado provincial de Entre RÃos por la UCR. Aunque defiende el rol de
la Comisión, Artusi admite que su programa de control de efluentes industriales
era de adhesión voluntaria por parte de las empresas, y dice que "falta evaluar
con más exactitud el impacto tremendo de los lÃquidos cloacales que la mayorÃa
de las ciudades ribereñas vuelca crudos al rÃo, asà como medir con más precisión
la influencia negativa del uso de agroquÃmicos en la calidad del agua". Nada
menos.
Ese desinterés también se refleja en el casi nulo trabajo de las
organizaciones no gubernamentales sobre el rÃo. Un alto ejecutivo mundial de
Greenpeace admitió ante ClarÃn que "nadie financia estudios ni acciones sobre el
rÃo Uruguay. En Sudamérica los rÃos taquilleros son el Paraná y el Amazonas,
para el resto no hay plata".
Pero algo se hace. O se intenta. En octubre
de 2002, cuando la polémica por la futura instalación de las pasteras Botnia y
Ence cerca de Fray Bentos apenas comenzaba a insinuarse, los municipios
uruguayos y argentinos adyacentes al rÃo junto con la CARU firmaron un "Plan de
protección ambiental del rÃo Uruguay".
Un análisis del proyecto, sin
embargo, revela que entre las acciones previstas habÃa algunas alarmantemente
obvias ("desarrollar un inventario de descargas lÃquidas puntuales al rÃo",
"exigir el tratamiento de los efluentes lÃquidos volcados al rÃo") y otras
bastante singulares, como formar grupos de voluntarios con estudiantes
secundarios que tomen muestras mensuales de agua "para la medición de pocos
parámetros" que junto con otros "permitan calcular un Ãndice de calidad" y "en
base a esos resultados establecer orÃgenes probables de contaminación". Con otro
grupo de voluntarios se pretendÃa relevar "los fertilizantes y biocidas
utilizados en toda el área", y para prevenir los efectos contaminantes de la
represa de Salto Grande se buscaba "impulsar el cumplimiento de las regulaciones
existentes". Suena al menos un poco amateur.
Otra institución que se
ocupa de la salud del rÃo -en el mismo tramo en que trabaja la CARU- es la
Comisión Técnica Mixta de Salto Grande (CTM), otro organismo oficial binacional
creado en 1946 para administrar la represa operada desde 1979 sobre el rÃo, y
unas 500 hectáreas de tierra circundante. La Comisión comenzó un estudio de
impacto ambiental de la represa en 1978 y lo terminó en 1983. Recién entonces se
delineó el Programa de Vigilancia Ambiental Permanente, a cargo del departamento
EcologÃa de la comisión. "La explotación actual de la cuenca y su escasa
protección ambiental ha obligado a la CTM a implementar una vigilancia intensa
de la calidad de agua del embalse, localizada en dos aspectos fundamentales: la
presencia de agroquÃmicos y metales pesados; y el aumento creciente del impacto
urbano y turÃstico". Aquà aparecen, al fin, dos de los agentes contaminantes más
nocivos sobre las aguas del rÃo.
La Comisión Técnica Mixta monitorea las
aguas, vigila los efluentes vertidos por la represa, evalúa la reproducción de
peces y controla la fauna y crÃa ejemplares de algunas especies en extinción. No
hay obligaciones legales para restaurar los ecosistemas dañados, ni para
relevar, controlar y denunciar los nuevos focos contaminantes. ¿Suena muy
exigente? Sin embargo se hace. Y en el mismo rÃo Uruguay. Pero muchos kilómetros
al norte, en las dos represas hidroeléctricas que funcionan en
Brasil.
Junto con los indudables beneficios que las represas
hidroeléctricas aportan para mitigar el creciente déficit energético que
enfrentan las economÃas en desarrollo, sus diques suponen una fuerte
intervención en el ecosistema de los rÃos, que sólo en los últimos años comenzó
a ser tenida en cuenta por los gobiernos. Además de implicar el desplazamiento
de los habitantes de la zona inundada por el embalse, los ambientalistas las
señalan como aceleradoras del cambio climático, porque la descomposición de la
tierra y vegetación inundada por el embalse y los desechos provenientes de la
cuenca alta emiten grandes cantidades de gases del efecto
invernadero.
Salto Grande no es la única represa construida sobre el rÃo
Uruguay: en el tramo brasileño funcionan las usinas de Itá y Machadinho (ver
infografÃa de la página 32), y en los próximos seis años serán construidas otras
tres. Dos de ellas, Garabà y Santa MarÃa, fueron avaladas por Cristina Kirchner
y Lula Da Silva en septiembre pasado, y se realizarán junto a Brasil frente a la
ciudad correntina de Garruchos. Aunque aún no se conoce el plan ambiental bajo
el cual se gestionarán las obras, varios grupos ambientalistas argentinos y
brasileños ya comenzaron a movilizarse para resistirlas. Otra represa que será
inaugurada en agosto de 2010 es Foz de Chapecó, a unos 60 kilómetros al este de
la frontera con Misiones. Aunque semi abandonado, Argentina mantiene en carpeta
el embalse de Pepeajà o "Salto Chico", aguas abajo de Salto Grande, y sigue
adelante con los proyectos binacionales de Roncador -al sur de los bellÃsimos y
misioneros Saltos del Moconá- y San Pedro, en el sur correntino.
En el
tramo brasileño del Uruguay ya comenzaron los estudios para la represa de
Itapiranga (casi en el lÃmite con Argentina) y hay planes de levantar otras 20
usinas sobre el rÃo y sus afluentes. El impacto final de las obras enérgeticas
que terminen llevándose a cabo dependerá del espacio que la nueva agenda
ambiental encuentre entre sus ingenieros y lÃderess polÃticos.
Las
represas acentúan otro factor de contaminación que según distintas fuentes es el
más nocivo para el rÃo Uruguay: la constante lluvia sobre sus aguas o filtración
a través de los acuÃferos subterráneos de enormes cantidades de agrotóxicos
utilizados para la agricultura. ¿Cómo actúan sobre el rÃo? El nitrógeno,
fósforo, potasio y magnesio que contienen los fertilizantes, herbicidas y
pesticidas nutren las aguas de una excesiva cantidad de nitratos.
La luz
del sol se combina con esos elementos quÃmicos y provoca la aparición de algas,
que muchas veces se ven flotando a la deriva o amontonadas en los recodos de la
costa. Como en Argentina el Uruguay es un rÃo de llanura -su flujo es casi nulo
en el tramo inferior, y cuando hay sudestadas la corriente asciende en lugar de
bajar-, la luz solar penetra en el agua hasta zonas bien profundas, acelerando y
multiplicando este proceso llamado eutrofización. Las algas, a su vez, van
quitando luz al rÃo, impidiendo la fotosÃntesis y matando la vida por falta de
oxÃgeno.
El mes pasado, una mancha oscura que se extendió sobre la
superficie del rÃo cerca de la planta de Botnia multiplicó los temores y las
denuncias de contaminación, hasta que los gobiernos argentino y uruguayo le
quitaron importancia al evento: "sólo son algas". Pero hace un año, el 28 de
enero de 2008, la CARU difundió un alerta en toda la zona adyacente al lago de
la represa Salto Grande: "Si hay algas verdes azuladas hay que tomar algunas
precauciones debido a que producen toxinas que causan problemas en la salud", se
avisaba. "Si en el agua se ve como yerba dispersa, eso significa que puede
bañarse en el rÃo, pero debe lavarse después con agua limpia. Si se ve una masa
pastosa verde oscura o amarronada, se recomienda no bañarse." El texto también
aclaraba que se habÃa capacitado a los hospitales de la zona para "monitorear
las consultas médicas de casos de dermatitis o intoxicaciones que pudieran
corresponder a las toxinas de las algas".
Otro esfuerzo aislado por
detectar y mensurar la contaminación del rÃo corresponde al Grupo de Estudio
Contaminación del RÃo Uruguay, un equipo de cientÃficos de la facultad regional
de Concepción del Uruguay de la Universidad Tecnológica Nacional, que en los
últimos diez años desarrolló distintos proyectos para conocer la calidad de las
aguas del rÃo, establecer modelos matemáticos sobre su contaminación y conocer
la magnitud del efecto de la contaminación del Uruguay por las descargas
cloacales e industriales en el entorno de las ciudades de Colón, Concepción del
Uruguay y Gualeguaychú. Su director, Julio Cardini, explica que "el agua es en
general apta para la vida acuática, pero en varios sitios de la cuenca baja hay
restricciones para bañarse. La contaminación cloacal es muy fuerte en las playas
de Colón y Concepción del Uruguay, donde se suman las descargas de esas ciudades
con las de Concordia y la uruguaya Salto. En Colón registramos coliformes
fecales con valores hasta cinco veces más altos del tope que fija la CARU.
Gualeguaychú, que tenÃa graves problemas, pudo mejorar bastante." ¿Otra buena?
"En los últimos años progresó mucho el control de las industrias en Entre
RÃos."
Además de contaminar, la suciedad cloacal ofrece una paradoja: es
causada por los mismos vecinos que la padecen, y que muchas veces reclaman en
las asambleas otras acciones ambientales.
A Juan MartÃn "Cucho" Rivas las
palabras se le caen en ráfagas, entrecortadas por risitas nerviosas que
acrecientan su simpatÃa. Junto con su hermano Andrés y su amigo Hermann
Feldkamp, hace tres años recorrió durante setenta dÃas toda la cuenca del
Uruguay en canoa, para registrar sus amenazas."Sentimos que el rÃo está al
lÃmite, casi condenado a muerte", susurra Cucho. "Son muy pocos los lugares en
los que está en estado puro y natural, en la zona de los saltos del Moconá, en
Misiones, cuando el rÃo entra en la Argentina. También entre Concepción del
Uruguay y Gualeguaychú. Todo el resto está modificado por el hombre, y eso
genera mucha preocupación y nos instala una gran pregunta para el futuro."
La expedición se llamó "El agua manda", y terminó en Puerto Madero con
la firma de una carta para el entonces presidente Néstor Kirchner. "Hemos visto
con gran preocupación cómo la actividad humana pone en riesgo al rÃo, fuente de
vida y biodiversidad. No podemos permitir que esto continúe asÃ", dice el texto.
"Rogamos tenga en cuenta nuestro urgente y desesperado pedido, que es el pedido
también de los futuros habitantes de la Tierra", concluye la carta. Nunca tuvo
respuesta.
Fuente: Clarin











