09/06/09. Persiste hasta hoy sin explicaciones, y menos aún soluciones, la crisis de un
sistema ferroviario que el país necesita con urgencia pero que ha sido
victimizado por inexplicables decisiones erradas y silencios oficiales.
El transporte por vías de cargas y pasajeros, vital para el desarrollo desde su inauguración bajo una empresa privada inglesa hace 140 años, fue virtualmente liquidado durante el primer gobierno luego de salir de la dictadura por sus crónicas pérdidas económicas y su paupérrimo servicio, con trenes que nunca salían ni llegaban en hora y que transitaban a escasa velocidad.
AFE era una entidad superpoblada de funcionarios aunque cada vez eran más escasos los servicios de trenes. Nunca se asumió la necesidad de invertir en infraestructura ferroviaria porque no se le veía utilidad ni futuro.
Pero la utilidad y el futuro llegaron. Con el desarrollo de la actividad forestal y la creciente necesidad de trasladar su floreciente producción a los centros de procesamiento y exportación tomó cuerpo hace años el plan de revivir el transporte ferroviario, asociando a la alicaída empresa estatal AFE con un consorcio privado que asegurara un servicio eficiente y adecuadamente administrado. Bajo el gobierno actual se avanzó al punto de que, luego de un acertado decreto presidencial en febrero del año pasado, ya estaba virtualmente acordada la creación de una empresa mixta.
Pero el nuevo presidente de AFE, León Lev, dispuso cancelar el proyecto, contraviniendo la política gubernamental de mejorar la operación de empresas públicas mediante asociación con privados en los casos en que el Estado no estaba en condiciones de hacerlo por sí mismo.
Tan endebles y sin fundamento fueron las explicaciones de la medida ofrecidas por Lev en agosto de 2008, que a los pocos días fue desautorizado en forma tajante por el ministro del área, Víctor Rossi.
El titular de Transporte y Obras
Públicas no solo calificó de “pocos felices” las razones esgrimidas por Lev,
sino que aseguró que “no se cambió nada”, y que se mantenía “la estrategia que
se ha planteado” el gobierno para incorporarle a AFE un socio privado que la
sacara de su letargo.
Pero desde entonces nada se sabe de la mencionada
asociación.
De vez en cuando se informa de alguna compra de material ferroviario para atender el magro sistema superviviente, con un ocasional y aislado tren de pasajeros e insuficientes trenes de carga, que transitan a paso de tortuga, en algunos lugares a cinco kilómetros por hora, por el averiado sistema de vías que todavía quedan.
Y la Estación Central, uno de los edificios de mayor importancia histórica y arquitectónica de Montevideo, fue transferida al puerto pero continúa siendo un monumento a la desidia y el abandono y mudo testigo de tiempos mejores.
Es hora de que, al margen de las presiones sindicales o de otro tipo que hayan incidido en la inexplicable dilación de este llamado a asociación, se retome el proceso de inyectarle a AFE el salvataje privado necesario para que sea un buen canal de salida de nuestra creciente producción forestal.
Fuente: El Observador












