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01.09.08
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Información forestal del
Uruguay.
Naturaleza.
Arboretum aún no se recupera del violento temporal de 2005
El parque Lussich
amenazado por areneras y tala en Punta Ballena.

Unos 600 árboles
derribados fue el saldo del temporal del 23 de agosto de 2005 en la
reserva forestal más importante del país: el Arboretum Lussich. Tres
años después el bosque está aun más expuesto, en un corredor de
viento.
Muchos de los árboles que volteó el viento de hasta 180 kilómetros
por hora eran únicos.
A tres años de aquella noche dramática, una recorrida por el
Arboretum de Punta Ballena deja ver aún la magnitud del desastre y
la tarea de recuperación que realizan desde entonces quienes
trabajan en el lugar y tienen la responsabilidad de cuidar la
siembra que 110 años atrás inició don Antonio Lussich.
La pregunta que cabe hacerse es: ¿la tragedia pudo evitarse? Tal vez
la respuesta la tengan dos areneras que lindan con el majestuoso
bosque o quienes le otorgaron la autorización para explotar el
lugar.
Hoy, y pese al desastre registrado en 2005, el lugar sigue siendo
una bomba lista para ser activada nuevamente ante el próximo
temporal de viento. Con el agravante de que en 2008 son tres los
frentes en los que, llegado el momento, arremeterá el viento para
llevarse una vegetación única que cambió para bien y para siempre el
destino turístico de la zona.
EL BOSQUE. El paisaje por la ruta 12, un camino sinuoso que deja ver
a mano derecha, los árboles que descienden de la sierra formando un
manto verde que se detiene abruptamente junto a la carretera. Del
otro lado el paisaje es el mismo, hasta la Laguna del Sauce. Es un
paisaje maravilloso. Avanzando hacia la ruta 9, un cartel indica que
a 200 metros salen y entran camiones. A la altura del kilómetro 2 la
postal cambia radicalmente: dos areneras han arrasado con la
vegetación y forman un mortal corredor por donde el viento se cuela
y embiste contra los añosos árboles de Punta Ballena.
A partir de 1896, Lussich inició la titánica tarea de forestar un
lugar hasta entonces deshabitado y gobernado por todos los vientos.
En 1800 hectáreas de médanos y sierras rocosas, carentes de toda
vegetación, venció todos los obstáculos.
Comenzó plantando pinos y eucaliptos en las zonas más cercanas al
mar. De esta manera serenó al viento y otras especies crecieron al
abrigo de esta cortina natural. En pocos años Punta Ballena se
convirtió en la reserva forestal más importante del continente y una
de las más destacadas del mundo. Allí crecieron especies de los
cinco continentes: en un mismo lugar florecieron y se reprodujeron
árboles del trópico a metros de arces y especies de los Montes
Urales.
LAS ARENERAS. La arenera del kilómetro 2 de la ruta 12 luce un
cartel que permite interpretar que el permiso de explotación fue
concedido en febrero de 2005, seis meses antes del temporal, ante la
Dirección Nacional de Minería y Geología del Ministerio de
Industria. Un gran pozo de arena muy blanca, bordeado por un camino
empinado por el que transitan los camiones, se abre en el predio. El
contraste es muy grande: la arenera linda con un cerco de pinos que
resguarda a la cancha de golf del Club del Lago.
Del lado opuesto de la ruta 12, unos cientos de metros más adelante,
una fila de ligustros y pequeños pinos intenta disimular la
devastación que ha sufrido la flora del lugar. Dos grandes predios
de unos 500 metros de frente cada uno muestran los restos de un
bosque arrasado y convertido en una gigantesca duna. En el entorno
de ambos predios se amontonan troncos de pinos talados y enormes
raíces de eucaliptos arrancados de cuajo. Escombros y basura, mucha
basura, completan el paisaje. Un letrero amenazante prohíbe el paso.
Desde allí se divisa el límite oeste del Arboretum Lussich, como si
hubiera sido cortado con una gigantesca cuchilla. El contraste lo
marca no sólo el cartel que cuelga de la portera y que informa que
allí empieza el edén -hoy propiedad de la Intendencia de Maldonado-
sino por la oposición de imágenes: el verde intenso de un lugar
soñado y la desolada visión de un médano.
El desconsuelo se completa cruzando la carretera, justo frente a la
segunda arenera: un emprendimiento turístico denominado Acres de
Solanas muestra un enorme terreno al que le han talado casi todos
los árboles.
EN LO PROFUNDO. Hoy el Arboretum Lussich tiene una superficie de 192
hectáreas. La dirección del parque está a cargo de la ingeniera
agrónoma Selva Rubbo, apasionada por la tarea que desarrolla y el
legado de Lussich.
Además de los capataces Mario Martirena y Fernando Chávez, desde el
temporal de 2005 se sumó un grupo de ocho funcionarios municipales y
soldados del Ejército. Realizan la compleja labor de retirar los
árboles derribados por el viento que aún permanecen caídos en lo
profundo del bosque. En un programa de inclusión social, monteadores
autorizados por la Intendencia sacan leña y la venden dejando un 10%
para repartir en centros sociales.
Rubbo y su equipo han comenzado a resembrar: pero cada vez que el
viento sopla fuerte muchos se angustian por Punta Ballena.
Fuente: Diario El País
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