CALENTAMIENTO GLOBAL
La demanda de
créditos de gases de efecto invernadero ha generado un
verdadero mercado en Europa
Todas las medidas pasan por ponerle un precio al uso de
contaminantes.
El mercado del carbono se fue desarrollando lentamente
hasta que la Unión Europea adoptó su sistema de comercio
de emisiones en 2005
Los certificados de reducción de gases de efecto
invernadero (GEI) pueden ser vendidos a otros actores a
efectos de ser utilizados como permisos para que los
países industrializados puedan emitir más GEI de los que
tienen autorizados, sostuvo el ingeniero agrónomo (Ph.D)
Daniel Martino, director ejecutivo de Carbosur. El
entrevistado integra el Panel Intergubernamental sobre
Cambio Climático (IPCC), equipo multidisciplinario
internacional que fue laureado con el Premio Nobel de la
Paz 2007 por su trayectoria de veinte años en el estudio
y combate del cambio climático. A continuación se
publica un resumen de la entrevista concedida a ECONOMIA
& MERCADO.
-¿Cómo evalúa lo actuado en las últimas décadas para
detener el maltrato ambiental del planeta?
-Hay varios hitos recientes en la historia de los
combates ambientales. A raíz de la Cumbre de Río de
Janeiro de 1992, donde se debatió sobre los problemas
ambientales más serios que afectan al planeta, surgieron
tres grandes convenciones internacionales que cuentan
con el respaldo de las Naciones Unidas: la de Cambio
Climático, la de Biodiversidad y la de Lucha contra la
Desertificación y la Sequía. Estos tres temas junto con
la Convención de Viena para el combate de los gases que
afectan la capa de ozono son algunos de los principales
acuerdos de políticas ambientales de alcance global
entre países.
-¿Qué resultados prácticos se han logrado luego de
dieciséis años de vigencia de esos acuerdos?
-Los avances han sido desparejos. La Convención de
Desertificación y Sequía así como la de Biodiversidad
han tenido algún desarrollo y emprendido algunas
acciones, pero no han conseguido suficiente apoyo de los
países. En cambio, es muy importante lo que ha logrado
la Convención de Cambio Climático. En torno suyo se han
puesto mayores esfuerzos, invertido más recursos y
desarrollado toda una actividad por considerársele el
mayor problema ambiental a nivel mundial, ya que
presenta diversas amenazas para toda la actividad
humana. En primer término, se ha tomado conciencia del
problema, sobre todo en los países industrializados, que
son justamente los que más sufren sus consecuencias
económicas dadas las obligaciones que han debido asumir.
También hoy existen acuerdos con reducciones
cuantitativas de emisiones, según el Protocolo de Kioto,
que entró en vigencia el 1º de enero de este año y
finaliza el 31 de diciembre de 2012. Durante este
quinquenio, los países que tienen una responsabilidad
diferenciada por generar una mayor cantidad de gases que
provocan el calentamiento global, deben reducir
colectivamente la emisión en un 5% con respecto al nivel
de 1990.
-¿Cuáles son los gases más dañinos por su potencial
contaminador del ambiente?
-El Protocolo de Kioto regula la emisión de seis gases
contaminantes, pero prácticamente el 95% del problema
está causado por tres gases: el dióxido de carbono
(CO2), que es responsable de dos tercios de la
contaminación total, el metano y el óxido nitroso. Estos
gases se originan principalmente en la quema de
combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón).
Además de estos gases, la segunda fuente en importancia
del calentamiento global es la deforestación, que se
produce casi en su totalidad en los países en
desarrollo. A su vez, la agricultura, incluyendo la
ganadería, es responsable de la generación de un 15% de
las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI).
-¿Existen pruebas fehacientes del calentamiento global
del planeta?
-Su existencia es indudable. Si bien todavía quedan
algunas pocas personalidades que tienen dudas sobre la
influencia humana en el fenómeno, prácticamente la
totalidad del mundo científico, incluyendo el
contundente Informe Stern realizado en el Reino Unido y
el Cuarto Informe sobre Cambio Climático del IPCC
(2007), está de acuerdo en la responsabilidad del hombre
en el cambio climático. Durante ese proceso, que comenzó
con la Revolución Industrial y se acentuó en el siglo XX,
se registró un aumento de la temperatura planetaria de
0,8ºC, especialmente a partir de 1950, previéndose la
aceleración del calentamiento global en los próximos
años. En un escenario extremo, si no se tomasen medidas
eficientes, la temperatura ascendería hasta 6,5ºC a
fines del siglo actual con respecto al período
preindustrial. La mayoría de los países del mundo han
coincidido con el Informe del Panel Intergubernamental
en Cambio Climático (en inglés, IPCC), donde se sostiene
que para lograr que el calentamiento no supere un
aumento de 2ºC-2,5ºC, cifra que se considera una meta
tolerable, es necesario que las emisiones de gases
contaminantes, que hoy están en torno a 40.000 millones
de toneladas de dióxido de carbono (CO2), alcancen su
pico máximo entre 2015 y 2020, debiendo bajar a niveles
cercanos a la mitad hacia el año 2050. Los países están
trabajando sobre esta hipótesis para determinar cómo se
distribuye la carga de reducción de emisiones.
Emisiones de GEI
-¿Cuáles son los niveles de emisiones de gases de efecto
invernadero (GEI) en la actualidad?
-Según el estudio sobre Mitigación del Cambio Climático
del IPCC, las emisiones de GEI deben descender a la
mitad de sus niveles actuales. Ese proceso no puede
demorar más de treinta o cuarenta años en el actual
escenario donde, contrariamente, las mismas tienden a
aumentar. Mientras los niveles de emisión en los países
desarrollados son muy altos, estando situados en el eje
de 10 y 30 toneladas de CO2 anuales por habitante, las
emisiones en los países en vías de desarrollo,
especialmente en África, son escasas -alcanzando marcas
tan bajas como 0,1 toneladas anuales por habitante- pero
están creciendo muy velozmente. En realidad, esas cifras
son la suma de los distintos gases contaminantes, porque
el potencial de calentamiento de cada uno de ellos se
expresa en su equivalente de CO2. Por ejemplo, una
tonelada de metano equivale a 21 toneladas de CO2.
-¿Qué se puede hacer para desacelerar el calentamiento
global sabiendo que el mundo industrializado y las
economías emergentes como China, India, Brasil, etc.
demandan cada vez más recursos contaminantes?
-Hay toda una batería de medidas posibles, pero todas
pasan por ponerle un precio al uso de recursos
contaminantes, a través de impuestos o de la creación de
un mercado del carbono. Dicho mercado debe reconocer
como un servicio ambiental las acciones de reducción de
las emisiones de GEI y que dichas reducciones puedan ser
certificadas y vendidas a otros actores. (Nota de
Redacción: el término "mitigación del cambio climático",
o sea las acciones que mitigan los efectos negativos de
las emisiones de GEI, es utilizado como sinónimo de
reducción de emisiones. Algunos ejemplos de estas
acciones son: sustitución de combustibles fósiles por
fuentes renovables; eficiencia energética en la
industria, los edificios, el transporte, etc.; plantar
árboles y reducir las tasas de deforestación; manejar
mejor los desechos; modificar algunos procesos
industriales; etc.).
-¿Hay una reducción efectiva de las emisiones a nivel
global?
-Las reducciones de emisiones se miden a nivel de cada
país obligado a hacerlo por el Protocolo de Kioto. Lo
que pueden hacer los 39 países industrializados
incluidos en el Anexo B de dicho acuerdo es adquirir
permisos de emisión de otros que hayan cumplido con
creces sus obligaciones acordadas. También pueden
adquirir permisos generados en proyectos que se realicen
en países sin obligación de reducir emisiones -como es
el caso de Uruguay- siempre y cuando se cumpla con el
requisito de que esos proyectos no sean parte de los que
se harían habitualmente, sino que se implementan como
consecuencia de la existencia de ese mercado de
emisiones. Como cada uno de esos países industrializados
tiene un tope permitido de emisión aplicable al período
2008-2012 que está por debajo del nivel registrado en
1990, el resultado del lanzamiento de dichos
certificados es que se baja el volumen de gases emitidos
a nivel global.
Certificados de CO2
-A fines del siglo XX se puso en práctica la
comercialización de los certificados de reducción de
emisiones de GEI. ¿Qué mecanismos existen para negociar
ese tipo de certificados?
-En 1997 Costa Rica emitió los primeros certificados.
Esa emisión no fue muy exitosa ya que apenas logró
colocar una pequeña parte de los certificados emitidos.
Luego el mercado se fue desarrollando lentamente y con
muchos altibajos hasta que la Unión Europea adoptó su
sistema de comercio de emisiones en 2005. En ese
momento, algunas empresas energéticas angloholandesas y
japonesas, así como unas pocas compañías eléctricas
norteamericanas, anticipando las tendencias de cambio,
desarrollaron actividades de reducción de emisiones de
GEI y empezaron a adquirir certificados.
-¿Quiénes emiten esos certificados y qué valor tienen
hoy?
-Existen varios esquemas a nivel mundial, siendo el más
importante el previsto en el Protocolo de Kioto, cuyos
certificados son emitidos y certificados por Naciones
Unidas. Cada uno de ellos tienen una unidad diferente
para el comercio de reducción emisiones de GEI, pero
todas se pueden intercambiar porque, en definitiva,
todas valen el equivalente de una tonelada de CO2. Es un
mercado que está en un proceso de crecimiento pese a que
tuvo muchas fluctuaciones en sus primeros tiempos. Sin
embargo, el volumen de comercio se incrementa año tras
año de modo exponencial, habiendo llegado a un nivel de
madurez que evita distorsiones grandes en los precios,
aunque algunos exhiben ciertas variaciones dependiendo
de la calidad de los certificados emitidos. En 2007 se
comercializaron US$ 60.000 millones de dichos
certificados en el mundo y se espera que este año las
transacciones superen los US$ 100.000 millones. Por
ejemplo, algunos compradores premian certificados que
incluyan beneficios sociales. Hoy el valor de mercado de
los certificados gira entre US$ 15 y US$ 30 por cada
tonelada de CO2 cuya emisión a la atmósfera es evitada,
es decir lo que se certifica y se vende. También se
puede certificar una remoción de CO2 de la atmósfera,
por ejemplo, a través de la forestación.
Forestación
-¿Por qué muchos compradores de certificados de
reducción de emisiones de GEI evitan los títulos del
sector forestal?
-Hay muchos intereses en contra de la implementación de
desarrollos forestales como forma de combate al cambio
climático. Es muy claro que los proyectos de generación
de energías renovables, tales como las granjas eólicas o
las plantas de biocombustibles, necesitan un precio muy
alto del carbono para tener viabilidad económica a
través de la venta de certificados de CO2. Son viables
si la tonelada de la unidad vale US$ 40; pero dejan de
serlo si su cotización es de US$ 10. A mi juicio, el
precio del CO2 bajaría sensiblemente si le abriesen la
puerta a muchos proyectos forestales utilizados para la
emisión de certificados de reducción de emisiones. El
hecho concreto es que la forestación fue aceptada bajo
los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL) previstos
dentro del Protocolo de Kioto, aunque está limitada por
una serie de restricciones.
-¿Cuáles son esas limitantes impuestas a la forestación?
-Una de ellas consiste en haberle puesto un tope a la
cantidad de certificados forestales que los países
puedan comprar, que se fijó en el equivalente al 1% de
sus emisiones del año base.
El otro factor restrictivo es que los certificados
forestales son diferentes al resto porque tienen fecha
de vencimiento. Se decidió que los certificados fuesen
temporarios con el argumento de que las plantaciones
forestales remueven CO2 de la atmósfera, pero este gas
puede volver rápidamente a ella en caso de que el bosque
se destruya o que la madera se coseche. Por eso, un
certificado forestal expira, y cuando ello ocurre, su
tenedor tiene que salir al mercado a comprar otro.
Frente a las incertidumbres del precio del CO2 en el
futuro, es un riesgo que pocos inversores quieren
asumir. De hecho, no existe un mercado para certificados
forestales generados en el marco del Protocolo de Kioto.
Sin embargo, como el esquema de certificados del
Protocolo de Kioto no es el único en el mundo y como en
Estados Unidos no predomina esa visión contraria al
desarrollo de la forestación como forma válida para
combatir el cambio climático, se ha encontrado en el
mercado norteamericano un canal de comercialización de
certificados de origen forestal muy interesante.
El Protocolo de Kioto es apenas el inicio de un largo
proceso
-¿Qué pasa con Estados Unidos y la emisión de gases de
efecto invernadero (GEI)?
-Esa nación aún no ha ratificado el Protocolo de Kioto
aduciendo razones de costos para su economía y también
razones de falta de certezas acerca de la existencia de
un problema real. Por tanto, no está sujeta a ninguna
obligación de reducir sus emisiones. De haber suscrito
ese tratado internacional, debería haber bajado su nivel
de GEI en un 7%-8%. La política adoptada por Washington
le permite tener valores de 12%-14% por encima de las
marcas de 1990. Por ese motivo, Estados Unidos ha
perdido buena parte de su liderazgo internacional. De
todos modos, es justo mencionar que ese país sí ratificó
la Convención de Cambio Climático, cumpliendo en buena
medida con las obligaciones asumidas bajo este acuerdo.
Asimismo, cabe señalar que existen numerosas iniciativas
a nivel de estados y empresas estadounidenses, por lo
cual no es correcto afirmar que no se está haciendo nada
por el cambio climático. De hecho, se espera que el
próximo gobierno cambie radicalmente la postura del país
en el tema.
-¿Qué sanciones se aplican si algún país no cumple con
las metas fijadas en el Protocolo de Kioto?
-No hay multas pecuniarias, pero sí existen diversas
penalidades. Por ejemplo, la meta de cumplimiento fijada
para un país se transfiere hacia períodos posteriores y,
por tanto, se lo sanciona para la etapa siguiente con un
objetivo que duplica el nivel original incumplido. En
cambio, la Unión Europea, que implementó un sistema de
comercio de emisiones en 2005, anticipándose al
Protocolo de Kioto, ha establecido multas muy fuertes si
se comprueba el incumplimiento de las metas. Por lo
tanto, la demanda de créditos de GEI ha generado un
mercado en Europa y, en menor medida, en Canadá y Japón,
aunque en los últimos tiempos ambos países han estado
dudando si cumplir o no con el Protocolo.
-Entonces, ¿cuál es la eficacia del Protocolo de Kioto?
-El tratado es apenas el inicio de un proceso de largo
plazo, que deberá implicar esfuerzos crecientes de un
mayor número de países. Ese comienzo logrará reducciones
de emisiones, que aunque no sean suficientes para dar
solución al problema, sí son significativas. Hay otros
resultados del Protocolo de Kioto no tan tangibles como
la reducción de emisiones, pero no por ello son menos
importantes, tales como la creación de conciencia sobre
el tema, un gran aprendizaje sobre cómo lidiar con el
problema, el desarrollo de un cuerpo normativo
internacional muy profuso y complejo y también el
desarrollo de numerosas capacidades en todas partes del
mundo.
El comercio de certificados de emisiones de GEI ha sido
lento en Uruguay
-¿Cuál es la situación de Uruguay en materia de emisión
de gases de efecto invernadero (GEI)?
-Es una situación muy particular porque, en la
comparación mundial, Uruguay emite un escaso volumen de
GEI. En el planeta se generan 40.000 millones de
toneladas de dióxido de carbono (CO2) anualmente, de los
cuales nuestro país sólo emite 30 millones, cifra que
representa menos del 0,1% del total. Nuestra principal
actividad económica, la ganadería, produce el 80% de las
emisiones de GEI, especialmente metano y óxido nitroso
que son gases de alto poder de calentamiento. Medido en
términos de habitantes, el nivel emitido es bastante
alto ya que está entre 9 y 10 toneladas anuales per
cápita de CO2, que no es muy diferente al de los países
europeos del sur y de Japón. Sin embargo, el sector
forestal en pleno desarrollo compensa casi la mitad de
emisiones de esos gases ya que las 700.000 hectáreas de
plantaciones existentes están removiendo unas 12-14
millones de toneladas anuales de CO2 de la atmósfera.
Por lo tanto, se estima que el gobierno uruguayo no
tendrá que asumir ningún compromiso en materia de
emisiones hasta el año 2020, que es la posible fecha de
cierre del segundo período de compromisos
internacionales, aunque sí deberá hacerse cargo en un
horizonte más lejano. En consecuencia, se le presenta
una buena oportunidad para participar en el mercado
mundial de certificados de reducción de emisiones de GEI.
-¿Ha sabido nuestro país capitalizar las ventajas que
posee en el área de emisiones de GEI?
-En un total de 1.300 proyectos del Mecanismo de
Desarrollo Limpio del Protocolo de Kioto que funcionan
en el área de los países en desarrollo, hay tres
emprendimientos uruguayos registrados en Naciones
Unidas. El mayor es el de Botnia que consiste en generar
un excedente de electricidad de su planta de pasta de
celulosa y volcarlo en la red nacional de UTE, lo cual
disminuye el consumo de combustibles fósiles. El
proyecto más pequeño es el de la Compañía Uruguaya de
Cemento Portland que funciona en su fábrica cerca de
Minas. El tercero es de la Intendencia Municipal de
Montevideo, que aún no ha comenzado a emitir
certificados.
Si bien la actividad local en el comercio de emisiones
de GEI ha sido muy lenta, hoy el proceso señala síntomas
de aceleración. De hecho, Carbosur, empresa dedicada a
asistir a las empresas a acceder al mercado del carbono,
está trabajando en el desarrollo de ocho proyectos,
incluyendo las cuatro propuestas que el año pasado
ganaron la licitación de UTE para la generación de
energía eléctrica a base de recursos renovables, así
como con los de las planta de Botnia y de Ence.
Asimismo, tiene algunos proyectos de sustitución de
combustibles y forestales. Por lo tanto, es factible que
el año próximo Uruguay pase a tener unos quince
proyectos para la reducción de emisiones, con lo cual se
empezaría a aproximar a lo que sucede en el resto del
mundo. Si bien lo importante son las reducciones de
emisiones totales, esta referencia nos da una idea del
efecto dinamizador que puede tener el mercado del
carbono.
Ficha técnica
El ingeniero agrónomo Daniel Martino, uruguayo, 50 años,
es egresado de la Universidad de la República y posee un
Ph.D de la Universidad de Manitoba (Canadá). Ha sido
investigador en el Instituto Nacional de Investigación
Agrícola (INIA). En el área empresarial fue director de
dos compañías forestales y un aserradero. Actualmente es
gerente general de Pike Consultora Forestal y director
ejecutivo de Carbosur, empresa dedicada a los negocios
relacionados con el cambio climático.
Fuente: Diario El
País