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La República Oriental del Uruguay, situada en la zona templada de América del Sur, tiene un área terrestre de 176.215 km2 y con 500 kms. de costas a lo largo del Río de la Plata y el océano Atlántico, limita con la República Federativa de Brasil y la República Argentina.

Su población, de aproximadamente 3,3 millones de personas, es de origen europeo; la tasa de alfabetización es del 97%. Un 89% vive en áreas urbanas, cerca del 42% reside en el área metropolitana de Montevideo. La tasa de crecimiento de la población promedió el 0,6% anual para el período 1985 – 1996, siendo una de las más bajas de Sudamérica.

 

 

GENERALIDADES

La historia de la forestación en Uruguay podría dividirse en dos etapas: a) la primera que abarca desde los orígenes hasta el año 1987 y, b) la segunda etapa a partir de ese momento con la puesta en práctica de la nueva Ley de Desarrollo Forestal 15.939, en diciembre de 1987.

Hasta el año 1988, la silvicultura en Uruguay se limitaba a unas 31 mil hectáreas plantadas (17 mil hectáreas de eucaliptos, 11 mil con pinos y 3 mil de otras especies menores). En el total de bosque implantado hasta 1988, dos departamentos acumulaban el 60%, Rivera implicaba un 36% y Paysandú el 24%. Sumando Río Negro (9%) y Tacuarembó (8%) se obtiene que más del 77% de la silvicultura uruguaya previa a la vigencia de la segunda Ley Forestal se concentraba en cuatro departamentos ubicados en una franja desde el norte hacia el noroeste del país. En la actualidad, la superficie de bosques, incluidos naturales e implantados, se estima en 1.350.000 hectáreas (7,7% de la superficie total del país). El índice de bosques per cápita es de 0,4 hectáreas.

En la década del ‘80 la extracción total de madera tuvo un comportamiento dinámico. La madera utilizada como leña pasó de 600 mil toneladas anuales en 1980 a 1,7 millones en 1988, con un fuerte aumento a partir del año 1982 cuando la industria manufacturera comenzó a incorporar leña como fuente de energía (entre 1986-1995 la leña fue la principal fuente de energía industrial: implicando un tercio del consumo total y superando a las fuentes tradicionales como el fuel oil y la electricidad). Por el lado de los rollos industriales, en los primeros años de la década la extracción fue de 220 mil toneladas anuales saltando bruscamente en 1986 a 300 mil toneladas (madera aserrable). La madera para pulpa siguió una trayectoria más moderada en torno a las 120 mil toneladas anuales. En conjunto, los rollos industriales duplicaron su producción en la segunda mitad de los ‘80, alcanzándose extracciones en el entorno de 2,4 millones de toneladas anuales.

Fuente: Dirección Forestal (MGAP)

En cuanto al comercio exterior, el período previo a la ley forestal de 1987 – 88 se caracterizó por la ausencia de exportaciones, excepto en el rubro papel en el que se logró vender un promedio de 10 toneladas al año en los 80, equivalentes al 17% de la producción papelera. Más aún, Uruguay era un país netamente importador de productos forestales.

El primer impacto del nuevo marco legal se percibió en la superficie dedicada a la implantación de bosques bajo régimen promocional. En el quinquenio anterior a la vigencia de la ley, la forestación aumentó en 13 mil hectáreas (60%) mientras que en el quinquenio posterior se multiplicó por 3 alcanzando casi las 170 mil hectáreas. Durante el período 1995 – 1999 la forestación en Uruguay aumentó un 130%, llegando a más de 500 mil hectáreas.

La superficie total forestada en los diez años posteriores a la ley de promoción asciende a 451 mil hectáreas, equivalente al 40% de la superficie boscosa del país y al 94% del bosque implantado a lo largo de toda la historia. Hacia fines de 1999, la superficie total implantada en Uruguay ascendía a 482 mil hectáreas y en el año 2000 había alcanzado las 532.000 hectáreas (de acuerdo a las Declaraciones Juradas de los propietarios de bosques ante la Dirección Forestal, MGAP).

La forestación al amparo del marco promocional de 1987 se orientó principalmente hacia los eucaliptos. Hacia fines de 1999, de las 482 mil hectáreas implantadas los bosques de eucalipto ocupaban el 77% y los de coníferas el 22%.

Fuente: Dirección Forestal (MGAP)

Fuente: Dirección Forestal (MGAP)

La forestación de los ‘90 disminuyó la concentración regional de las plantaciones anteriores: a) los dos departamentos que hasta 1988 concentraban el 60% de lo plantado (Rivera y Paysandú) representan sólo el 29% de la superficie forestada luego de esa fecha; b) la participación relativa de Tacuarembó y Río Negro en las plantaciones nuevas aumentó significativamente (de 17% a 32% del total); c) los cuatro departamentos que hasta 1988 concentraban el 77% del total, durante la vigencia del régimen promocional implicaron el 61% de lo forestado; d) cuatro departamentos que antes del 1989 ocupaban sólo el 1,5% de lo forestado recibieron casi un 25% de las nuevas plantaciones: Lavalleja (9,5%), Florida (5,3%), Soriano (4,8%) y Cerro Largo (4,6%). Durazno y Maldonado pasaron del 5,5% al 9,4% del total y;e) la zona sur del país (Colonia, San José, Canelones y Rocha) perdió 10 puntos de participación relativa en la forestación, de 14% a 4% del total (véase Cuadros 6 al 9 del Anexo 2).

A fines de los ‘90 las extracciones totales de rollizos superaron los 5 millones de m3 anuales (crecimiento promedio de 4% acumulativo en cada uno de los últimos 15 años). La producción de leña continúa ocupando un lugar primordial en el destino de las extracciones, con más de 2 millones de toneladas por año, pero su participación en el total viene descendiendo de 90% en 1980 a 65% en 1998. El país tuvo el mayor crecimiento relativo en la región en producción de rollos industriales (superior al 15% acumulativo anual desde mediados de los ’80). En los últimos años Uruguay ha tenido una reducción en términos absolutos en la producción de tableros de madera y un incremento en la producción de madera aserrada, que alcanzó 280 mil m3 anuales.

En cuanto a las exportaciones, a partir de 1990 la venta de rollos tuvo un crecimiento explosivo, superando las 800 mil toneladas en los últimos años, en particular trozas para pulpa, por lo que prácticamente la mitad de la producción de rollos industriales está siendo exportada. El crecimiento de la producción de madera aserrada generó una corriente exportadora superior al 35% acumulativo anual, hasta superar los 100 mil m3 exportados en el último año, más del 20% de lo producido en el país (Cuadro 10 del Anexo).

También se incrementaron las exportaciones de papel y cartón, superando las 50 mil toneladas en 1999, 40% del total producido (véase Cuadro 11 del Anexo). En 1999, el total de las exportaciones forestales reportaron cerca de US$ 100 millones (4,4% del total de las exportaciones uruguayas ese año). En el año 2000 las exportaciones forestales superaron la barrera de los US$ 100 millones. Durante los ‘90, las exportaciones de madera para pulpa se dirigieron en su casi totalidad a Europa (España el 48% del total, Noruega el 29%, Finlandia el 11% y Portugal el 6%). La madera aserrada se vendió a Italia (55%), Estados Unidos (30%) y Japón (8%). La pulpa de madera tuvo un destino regional (Brasil 44%, Argentina 37% y Chile 19%), al igual que las exportaciones de papel y cartón (Argentina en un 68%, Brasil 25%, Paraguay 3% y Chile 2%).

Las importaciones de productos forestales muestran un crecimiento en toda la última década, con una fuerte incidencia de las compras de papeles, que se cuadriplicaron en el período, representando en promedio el 60% del valor total importado. Las compras de madera aserrada tuvieron un fuerte incremento en el último trienio, al igual que las de madera terciada, llegando a promediar un 18% y un 5% respectivamente. Otro rubro de importancia viene dado por la pulpa para papel, cuyas compras en valor se duplicaron en el período, superando el 10% del total importado. En el último quinquenio, las importaciones de productos forestales fueron superiores a los US$ 75 millones anuales. Dos tercios de las compras uruguayas de papel y cartón tiene origen regional (Argentina y Brasil principalmente), un 15% proviene de Norteamérica (USA y Canadá) y otro tanto de Europa. La pulpa de madera se compra en un 70% en la región y el resto en Estados Unidos, mientras que las maderas y sus manufacturas que importa Uruguay tienen un origen eminentemente regional (85%) (Véase Cuadro 12 del Anexo 2).

Fuente: Dirección Forestal (MGAP)

Históricamente, el saldo del comercio exterior de productos forestales fue negativo en unos 15-18 millones de dólares anuales. Esa tendencia se revierte en 1997, en que se igualan los flujos, y a partir de entonces el saldo comercial es crecientemente positivo (US$ 18 millones en 1999).

La producción de madera aserrada en Uruguay ha venido aumentando en forma persistente desde fines de la década de los 80, ubicándose actualmente en torno a los 280 mil m3 al año. El consumo anual aparente de madera aserrada (producción + importaciones – exportaciones) se mantuvo en torno a los 340 mil m3 a lo largo de la última década; por tanto, el aumento de la producción se ha traducido en un aumento de las exportaciones.

En resumen, luego de más de 10 años de vigencia de la ley de promoción forestal, el sector logró un crecimiento significativo en la superficie forestada. Comenzó a desarrollar procesos industriales primarios, particularmente madera aserrada, y también a generar volúmenes exportables de madera en bruto y a aumentar las exportaciones de madera aserrada, papel y cartón.

Respecto a la importancia relativa de las diferentes fuentes de ingreso de las explotaciones, la producción de vacunos de carne constituye la principal fuente de ingreso para casi la mitad de las explotaciones censadas. De la comparación de los dos últimos censos se comprueba un crecimiento muy significativo del número de explotaciones forestales: de 178 en 1990 a 1.015 en 2000 (incremento del 570% en una década). (Cuadros 18 y 19, Anexo 2)

Este crecimiento explosivo tiene implicancias en la cantidad de trabajadores empleados en el sector. Para el año 2000 el Censo Agropecuario estimaba que en los establecimientos donde la forestación es la principal fuente de ingreso se emplearon, en forma permanente, 2.962 personas y se contrataron 57.843 jornales. Sin embargo, si se observa el total de establecimientos con plantaciones forestales, los trabajadores asalariados llegan a 36.900 y los no asalariados a 32.986 (Cuadro 20, Anexo 2). En Junio de 2003, la Dirección de Estadísticas Agropecuarias realizó una actualización de la mano de obra ocupada en explotaciones forestales concluyendo que para las explotaciones con 100 o más hectáreas forestadas, el total de trabajadores permanentes (asalariados y no asalariados) habría alcanzado, en el 2000, a 6.118, mientras que se contrataron 208.294 jornales equivalente a 833 año/hombres (para lo cual se consideraron 250 jornales por equivalente hombre) (Cuadro 21, Anexo 2).

Estimaciones realizadas por Interconsul2 permitían estimar en 1994, el personal total ocupado en la forestación en 14 mil trabajadores. De ellos, 7.000 trabajaban en forma permanente y se estimaba que el personal calificado se multiplicó casi por 10, mientras que el trabajador zafral no calificado se ha triplicado desde la implementación del Plan Forestal (en 1988) al momento de realizado dicho estudio.

Al interior del sector forestal, los viveros y los aserraderos se caracterizan por contratar trabajadores en su mayoría permanentes, mientras que el empleo en las plantaciones está fuertemente centrado en la contratación de personal variable. En promedio cada plantación emplea 7,5 personas, de las cuales 3,8 son peones contratados en forma zafral.

Una de las principales características de la mano de obra empleada en la actividad forestal es que un 14% se integra por primera vez al mercado laboral y el resto proviene o del subsector pecuario o del propio subsector forestal. Es decir que ha habido cambios claros en la estructura productiva.

Desde el punto de vista demográfico, la población de trabajadores en el sector forestal en un 80% tienen menos de 40 años. La mayoría de los trabajadores (84%) vive con su familia, 6% no tiene familia y un 10% vive alejado de su familia. Esto último muestra un cambio radical respecto al comportamiento habitual de los trabajadores del sector pecuario que trabajan en el medio rural mientras que su familia vive en el centro poblado.

Si bien la oferta de mano de obra ha sido suficiente hasta el momento, se considera que puede comenzar a escasear. Inclusive, hay zonas con competencia por la mano de obra zafral (con esquila y arroz), pero parece vincularse más con pautas culturales antes que con el aspecto salarial.

En el trabajo de Ramos, A. y Cabrera, R.3 se estima que la cadena forestal generará un promedio de 14,2 mil puestos de trabajo permanente en el período 2000 – 2020. Dicha demanda es creciente con el tiempo; en el período 2001 – 2010 se generarán 11 mil puestos de trabajo promedio anual, mientras que entre el 2011 y el 2020 serán 18 mil puestos de trabajo que se generarán en promedio por año.

En el supuesto de que no se realizaran plantaciones ni replantaciones a partir del año 2000, en el período abarcado por ese estudio el 38% de los puestos de trabajo se generarían en la cosecha. El resto de las operaciones del sector primario, (viveros hasta administración), implicarían el 25% de la demanda de mano de obra promedio del período, mientras que el transporte (incluyendo preparación de rollos) ocuparía el 7% y la industria de aserrado el 30% restante. Para el año 2020, las estimaciones sugieren que el 46% de la ocupación del complejo forestal corresponderá a la fase primaria, 7% a los transportes y 47% a la industria de aserrío.

      Fuente: Ramos, A. y Cabrera, R. (2001) El Impacto del Desarrollo Forestal en Uruguay.

      Fuente: Ramos, A. y Cabrera, R. (2001) El Impacto del Desarrollo Forestal en Uruguay.

3.1.2 Relación urbano / rural

La magnitud de la demanda de mano de obra vinculada a la forestación, en todas sus fases, tendrá un fuerte impacto sobre la estructura ocupacional del interior del país y alterará las condiciones de vida de vastos sectores de su población.

A diferencia de los sectores económicos que han evolucionado más dinámicamente en los últimos 15 años, en particular los servicios, la demanda laboral de la forestación se concentra en zonas rurales y sub-urbanas (exceptuada la capital), lo cual alterará la tendencia del mercado laboral uruguayo, de concentración de la demanda en la zona metropolitana de Montevideo y centros urbanos mayores. Ello podría también alterar el proceso de “vaciamiento” poblacional que se registró en los últimos 30 años en los Departamentos del centro del país (en particular el ocurrido en 1975 - 85).

Según estimaciones del trabajo mencionado, sólo la fase primaria de la cadena forestal generaría más de 10 mil puestos de trabajo permanentes a partir de 2006, provenientes de zonas rurales y centros urbanos menores. Por su parte, a partir de 2012 la industria del aserrío demandaría más de 8 mil puestos de trabajo permanentes lo cual, en la medida que los aserraderos se ubican en las inmediaciones de las plantaciones por razones de competitividad (la mitad de la materia prima no se transforma en producto vendible y por lo tanto el efecto del flete de la misma no juega un papel fundamental. Además de razones de calidad del proceso por condiciones de humedad de la madera, mancha, hongos, etc que hacen que sean conveniente la ubicación cercana a las plantaciones), también impactará la demanda laboral del interior del país, en particular la región noroeste.

De ese modo, el desarrollo forestal en Uruguay implicará un cambio con respecto a la ganadería, caracterizada por el aumento de la producción física y la disminución de la demanda laboral. En ese contexto, la generación de nuevos empleos y aún oficios, vinculados a las fases primaria e industrial de la forestación, ha originado un cambio en las expectativas de la población rural y de los centros urbanos menores que debería incrementarse con los años.

Pero el mayor impacto de la forestación reside en los cambios de la conformación espacial de las actividades agrícolas tradicionales en los últimos 5 años y por la aparición de polos de actividad implícitos. Se asiste a un cambio en la localización de las fuentes generadoras de valor; tradicionalmente, la matriz de producción uruguaya era en esencia urbana con establecimientos agrícola – ganaderos donde se realizaba únicamente el proceso primario y la producción se remitía a las industrias del cinturón de la capital para su procesamiento o exportación. Con la forestación cambia esta ecuación: las plantaciones y viveros se ubican en el medio rural y también en el mediano plazo lo harán las industrias. De esta manera, la zona centro calificada de “vacía”, está tomando otra dinámica, y dado el volumen de producción esperada, habrá un traslado de generación de valor desde el área metropolitana al sur del país hacia el centro y el norte (Mapa: Uruguay, Escenario Futuro del Sector Forestal en el 2010).

Este nuevo ordenamiento territorial tiene otras consecuencias: como la aparición de cuellos de botella en infraestructura vial, zonas de depósitos de madera, puertos, etc. que deberán solucionarse.

Ingreso per cápita:

El salario de los trabajadores ocupados en el sector forestal, en promedio son un 43% superiores a los de la actividad ganadera, aunque si se incluyen los beneficios extrasalariales (vivienda, manutención, beneficios sociales, etc.) la diferencia se reduce a un 25% a favor de la forestación. Al mismo tiempo, la forestación ocupa más mano de obra femenina que la actividad ganadera, lo cual hace posible en principio un mayor ingreso por hogar. De acuerdo a las encuestas realizadas por Interconsult (1994) en el total del país se puede estimar que el 11% del personal ocupado es femenino, destacándose zonas en donde la proporción es mayor. Por tipo de actividad, el mencionado estudio revela que la actividad que ocupa más mano de obra femenina es la de viveros (hasta el 50%), mientras que en la cosecha o aserrío el 100% es masculina.

En el sector forestal, en 1996, un peón ganaba aproximadamente US$ 300 líquidos al mes; un capataz US$ 450-500, los profesionales entre US$ 700 y US$ 1.000, dueños y directores entre US$ 800 y US$ 1.800, según se trate de aserraderos o plantaciones respectivamente. La combinación de salarios más elevados y una muy superior relación empleo/superficie a favor de la forestación indica una dinámica económica y social positiva en zonas que sufrían procesos de depresión económica y emigración.

Aumento de la calidad de vida

A partir del Plan Forestal, ha habido un aumento en la calidad de vida en los centros menores afectados por la forestación, en parte debido a la generación de puestos de trabajo y mejores salarios. Por otra parte, los aspectos cuantitativos a favor de la forestación se complementan con mejoras en las condiciones laborales del sector, atribuibles principalmente a dos elementos recientes el Decreto de Regulación de las Empresas Forestales y los procesos de certificación de éstas con organizaciones internacionales.

En noviembre de 1999 se dictó el decreto 372/99 de regulación de las empresas forestales, que reglamenta las condiciones de trabajo, higiene y salud ocupacional en el sector forestal, con ámbito de aplicación a las tareas de producción de plantas, cultivo, manejo y cosecha de bosques, bajo la responsabilidad de cumplimiento a cargo de empleadores, contratistas y subcontratistas. Dicha norma contiene una serie de disposiciones orientadas a mejorar la seguridad e higiene de la labor de los trabajadores forestales, cuya aplicación constituye un progreso sustancial en las condiciones laborales con respecto a la de otros sectores del medio rural. Estas regulaciones no existen o están desactualizadas para los otros sectores.

La reglamentación de las condiciones laborales en el sector forestal incluye un amplio rango de aspectos de seguridad, tales como límites al levantamiento de cargas pesadas, la proporción de equipos de protección personal (zapatos y ropa de seguridad, antiparras, máscaras, protección auditiva, etc.), condiciones climáticas adecuadas para la cosecha, prácticas de seguridad en todas las tareas, normas de seguridad para el uso de herramientas, máquinas y sustancias químicas y la obligatoriedad de contar con sistemas de comunicación y rescate. Se regulan además las condiciones de las instalaciones, gabinetes higiénicos, sistemas de calentamiento de agua, cocinas, comedores, provisión de agua potable, así como el transporte del personal en vehículos adecuados (asientos, barandas, escaleras de acceso).

Asimismo viene ocurriendo un proceso de adaptación a los requerimientos de organizaciones internacionales (Consejo de Administración Forestal (FSC), Organización Internacional para la Estandarización (ISO)) a partir de un proceso incipiente de certificación de la operativa de las empresas con el objetivo de superar restricciones no arancelarias a la exportación de madera, acceder a algunos nichos de mercado que exigen tal certificación y satisfacer la demanda de los consumidores y la percepción pública en los países desarrollados.

Con relación a los aspectos laborales y sociales, las empresas que aspiran a la certificación deben cumplir con requisitos de oportunidades de empleo, capacitación laboral, seguridad, salud, derechos de organización sindical de los trabajadores y de negociación con los empleadores, consultas a grupos locales afectados por el manejo forestal y mecanismos para resolver reclamos y para proporcionar compensaciones en caso de pérdidas o daños.

Cuatro son las ventajas que se señalan comúnmente desde el punto de vista socio – económico a partir de la puesta en funcionamiento del Plan Forestal:

• la forestación ocupa cinco veces más mano de obra por hectárea que la ganadería;

• los salarios son un 25% superiores a los pagados en la actividad ganadera;

• la forestación ha incorporado a la mujer al mercado laboral en áreas rurales; y

• la rentabilidad está siendo alta en la forestación que en la actividad ganadera, generando un mayor Valor Bruto de Producción por hectárea, lo que significa un mayor impacto sobre la economía nacional.

Puede entonces concluirse que el sector tendrá un impacto positivo relevante sobre las condiciones sociales del entorno en que se desarrolla: generando oportunidades laborales, en particular en zonas rurales y semi rurales sujetas a procesos de declinación económica y poblacional, generando instancias de capacitación en nuevos oficios y actividades, remunerando el mismo trabajo con mayores salarios que otras actividades agropecuarias, brindando mejores condiciones laborales.